Juego homosexual en ‘Esposas Desesperadas’ Rafael Sánchez Zanella
        

Raffless


No son tan explícitas ni sugerentes como Queer as Folk, Will & Grace o The L Word, pero tienen algo de sutilezas rositas porque sus productores, adoradores del rating y del marketing, saben bien que las series de televisión con matices arcoíris alcanzan la cima del éxito por atraer a los homosexuales con un mítico gran poder adquisitivo que debe ser explotado literalmente, y que nos atraen ya sea por morbo, curiosidad, espíritu crítico o por sentirnos apoyados, reflejados o identificados en los personajes gays que vemos en la tele.


Alcanzar la categoría de filogay es un premio que da el público y el crítico de espectáculos que casi garantiza el aumento de auditorio y de ganancias económicas por publicidad, todo porque esa serie es supuestamente incluyente, moderna, real, open mind, reflejo de la democracia civilizada, pero sólo es un pretexto para lucrar con la ingenuidad y las fantasías del público
gay de verse realmente reflejado y comprendido en la caja idiota en toda su cruda realidad, buena o mala, pero lo que en verdad recibimos son migajas del tiempo muerto de los medios heterosexistas, se nos da como un favor, una concesión. ¿Se nos nota lo urgidos?


Poco o nada, o quizás sólo fútil diversión evasiva y entretenimiento frívolo, es lo que dejan los personajes gays de series de televisión consideradas como filogays (muy a pesar de grupos conservadores de los EUA que ven peligroso el avance de la ‘mafia gay’ que se está apoderando, suponen, de los medios de comunicación), como son los casos de Friends, Sex & City, Los Simpson, o el más reciente cañonazo de la televisión gringa: Desperate Housewives, bautizada en México como Esposas Desesperadas y que atrae, según estudiosos del mercado televisivo, a un gran índice de auditorio
homosexual en los países donde se proyecta desde hace casi tres años y que ya tuvo una versión latina que dio pena ver por TV Azteca.


Desde sus primeros capítulos Esposas Desesperadas, emitida en EUA por la cadena ABC y en México por TV Azteca y que ya anda en su cuarta temporada, llamó la atención del público adulto y versa sobre la aparente felicidad doméstica de cinco mujeres del barrio Wisteria Lane. Con tintes melodramáticos, comedia, un poco de suspense, sugerencias sexuales y mucha inmoralidad según el público conservador, es la serie favorita de millones de personas.


Jaló la atención de los gays cuando se percibió su juego
homosexual desde los primeros capítulos no sólo por un ligero subtrama homoerótico muy simpático (con todo y faje en una alberca y acostón sutil) entre un jardinero rubio guapísimo llamado Justin (Ryan Carnes, quien empezó su carrera en el cine como gay en la película Eating Out) y Andrew (Shawn Pyfrom), el hijo adolescente de Bree con carita de ángel perverso y ojos pícaros y quien fue remitido a un grupo de ayuda para quitarle el defectito y quien confesó al pastor que le gusta el helado de chocolate pero que de vez en cuando le gustaría probar el de vainilla, un simbolismo muy bisexual.


Realmente el personaje está pintado como
gay atípico y así lo confirmó el incipiente actor en entrevistas donde asegura querer con su papel romper con los estereotipos de lo que es un homosexual con cero afeminamiento. Pyfrom se dice admirado y apoyado por la comunidad gay esperando cumplir con las expectativas que se tienen de él, “Con Andrew quiero demostrar lo que es ser un gay en la actualidad”.


Además, antes de arrancar las grabaciones de la cuarta temporada, la producción inventó, para causar expectación y aumentar adeptos, que contratarían a Robbie Williams y David Beckham para hacer una pareja gay, nada más absurdo ya que finalmente la parejita sui géneris está conformada por Tuc Watkins y Kevin Rahm como Bob y Lee, quienes según el productor son los primeros esposos desesperados que tendrán una relación tormentosas con las espositas por sus extravagancias gays.

 

Los críticos opinan que la comedia es un clon entre Sex & City y el filme American Beauty (Belleza Americana) que son consideradas casualmente como filogays. Además suponen que el personaje de Marcia Cross (Bree Van De Kamp) está inspirado en la madre real del productor de la serie, Marc Cherry, y su vida misma está reflejada en el personaje de Pyfrom. Cherry contó a la prensa que la reacción de la madre de Andrew en la serie fue la misma que tuvo su propia madre cuando le dijo que era gay.


De remate, Marcia Cross, ya sea porque es verdad o porque estuvo estipulado en su contrato, protagonizó un escándalo lésbico cuando desde el principio se manejó el rumor en la competencia, la cadena Fox, de que una de las actrices de la serie es
lesbiana y al parecer todas las sospechas apuntaban hacia la Cross pues era la única soltera cuarentona de las cinco protagonistas (un cliché, aunque ahora se supone que ya se casó en secreto, otro cliché). Ella aumentó la expectación cuando declaró a una de las mejores revistas gays de EUA, The Advocate, que es hetero cien por cien (un cliché muy recurrido entre estrellitas), sin embargo semanas después ella, o quizás toda la producción con dolo, jugaron a la homosexualidad y arrojaron más leña al fuego cuando la Cross agarró a besos en la boca a Felicity Huffman, que da vida a Linette Scavo, cuando recibieron el Premio GLAAD al ser declarada la comedia como filogay. Y como si la cadena de casualidades no tuviera llenadera, la Huffman recibió un Globo de Oro como mejor actriz por su papel de transexual en la película “Transamérica”.


La exitosa serie no es
gay ni lésbica pero causa muchas sutilezas en el ambiente homosexual. ¿Será plan con maña del productor abiertamente gay Marc Cherry? En toda entrevista que le hicieron recién estrenada la serie, declaró que quizás por ser gay no pudo evitar que la comedia tenga cierto sentimiento gay, “quizás porque entiendo a la perfección el complicado mundo femenino”, dijo al dejar entrever que más adelante provocaría escándalos.


A lo largo de la primera temporada la homosexualidad ha complementado la trama uniendo escenas con cierta lógica, por ejemplo, Carlos, el esposo de Gabrielle Solís (Eva Longoria), purga una condena en la cárcel acusado entre otros delitos por homofobia, y es que se fue a golpes contra dos gays al suponer que seducían a su esposa. Eso salvó a la infiel esposa de ser asesinada por el marido al enterarse de que le puso el cuerno con el jardinero John, quien es el mejor amigo del personaje
gay de Ryan Carnes, quien confirmó su gaydad ayudado por Gabrielle al no excitarse cuando ésta lo besó, pues él pretendiendo encontrar cura a su homosexualidad quiso seducirla.


La homosexualidad del hijo de Bree, aunada a su rebeldía producto de su familia disfuncional es el principal tormento de su madre, es como un castigo hacia su fundamentalismo moral. Ella es obsesiva compulsiva y muy aferrada a su conservadora forma de pensar. Biblia en mano aclaró a su vástago que él no era
gay, sino sodomita y que eso era castigado con el infierno, esa escena sirvió como una crítica mordaz hacia el cristianismo metodista muy al estilo de la moraleja de la película “Salvados”.


Por si fuera poco, uno de los actores que tienen un papel secundario, el fontanero Mike Delfino (James Denton) que en realidad es policía, fue declarado en su país como el hombre más sexy y publicaciones gays lo consideraron el hombre buga que más gays desean. El colmo es que simboliza dos fetiches eróticos muy concurridos en el mundo gay, el fontanero que llega a la casa a destapar el caño y acaba haciéndole el amor al dueño en la cocina como en los clásicos filmes xxx gays, ¿y qué decir de los uniformados? Bien se ve que el productor se la sabe de todas todas.

 

Y ya en el colmo, resulta que al final de la cuarta temporada, Susan presenta a su nuevo marido, ni más ni menos que al ícono gay por excelencia, Gale Harold, sí, el mismo promiscuo clase A de Queer As Folk, quien la hará de hetero, espero que no sea un shock para sus fans.

 

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