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Raffless
No son tan
explícitas ni
sugerentes como
Queer as Folk,
Will & Grace
o The L Word,
pero tienen algo de
sutilezas rositas
porque sus
productores,
adoradores del
rating y del
marketing, saben
bien que las series
de televisión con
matices arcoíris
alcanzan la cima del
éxito por atraer a
los homosexuales con
un mítico gran poder
adquisitivo que debe
ser explotado
literalmente, y que
nos atraen ya sea
por morbo,
curiosidad, espíritu
crítico o por
sentirnos apoyados,
reflejados o
identificados en los
personajes gays que
vemos en la tele.
Alcanzar la
categoría de filogay
es un premio que da
el público y el
crítico de
espectáculos que
casi garantiza el
aumento de auditorio
y de ganancias
económicas por
publicidad, todo
porque esa serie es
supuestamente
incluyente, moderna,
real, open mind,
reflejo de la
democracia
civilizada, pero
sólo es un pretexto
para lucrar con la
ingenuidad y las
fantasías del
público
gay
de verse realmente
reflejado y
comprendido en la
caja idiota en toda
su cruda realidad,
buena o mala, pero
lo que en verdad
recibimos son
migajas del tiempo
muerto de los medios
heterosexistas, se
nos da como un
favor, una
concesión. ¿Se nos
nota lo urgidos?
Poco o nada, o
quizás sólo fútil
diversión evasiva y
entretenimiento
frívolo, es lo que
dejan los personajes
gays de series de
televisión
consideradas como
filogays (muy a
pesar de grupos
conservadores de los
EUA que ven
peligroso el avance
de la ‘mafia gay’
que se está
apoderando, suponen,
de los medios de
comunicación), como
son los casos de
Friends, Sex
& City, Los
Simpson, o el
más reciente
cañonazo de la
televisión gringa:
Desperate
Housewives,
bautizada en México
como Esposas
Desesperadas y
que atrae, según
estudiosos del
mercado televisivo,
a un gran índice de
auditorio
homosexual
en los países donde
se proyecta desde
hace casi tres años
y que ya tuvo una
versión latina que
dio pena ver por TV
Azteca.
Desde sus primeros
capítulos Esposas
Desesperadas,
emitida en EUA por
la cadena ABC y en
México por TV Azteca
y que ya anda en su
cuarta temporada,
llamó la atención
del público adulto y
versa sobre la
aparente felicidad
doméstica de cinco
mujeres del barrio
Wisteria Lane. Con
tintes
melodramáticos,
comedia, un poco de
suspense,
sugerencias sexuales
y mucha inmoralidad
según el público
conservador, es la
serie favorita de
millones de
personas.
Jaló la atención de
los gays cuando se
percibió su juego
homosexual
desde los primeros
capítulos no sólo
por un ligero
subtrama homoerótico
muy simpático (con
todo y faje en una
alberca y acostón
sutil) entre un
jardinero rubio
guapísimo llamado
Justin (Ryan
Carnes, quien
empezó su carrera en
el cine como
gay
en la película
Eating Out) y
Andrew (Shawn
Pyfrom), el hijo
adolescente de Bree
con carita de ángel
perverso y ojos
pícaros y quien fue
remitido a un grupo
de ayuda para
quitarle el
defectito y quien
confesó al pastor
que le gusta el
helado de chocolate
pero que de vez en
cuando le gustaría
probar el de
vainilla, un
simbolismo muy
bisexual.
Realmente el
personaje está
pintado como
gay
atípico y así lo
confirmó el
incipiente actor en
entrevistas donde
asegura querer con
su papel romper con
los estereotipos de
lo que es un
homosexual
con cero
afeminamiento.
Pyfrom se dice
admirado y apoyado
por la comunidad
gay
esperando cumplir
con las expectativas
que se tienen de él,
“Con Andrew quiero
demostrar lo que es
ser un
gay
en la actualidad”.
Además, antes de
arrancar las
grabaciones de la
cuarta temporada, la
producción inventó,
para causar
expectación y
aumentar adeptos,
que contratarían a
Robbie Williams
y David Beckham
para hacer una
pareja gay, nada más
absurdo ya que
finalmente la
parejita sui géneris
está conformada por
Tuc Watkins y
Kevin Rahm
como Bob y
Lee, quienes
según el productor
son los primeros
esposos desesperados
que tendrán una
relación tormentosas
con las espositas
por sus
extravagancias gays.
Los críticos opinan
que la comedia es un
clon entre Sex &
City y el filme
American Beauty
(Belleza
Americana) que
son consideradas
casualmente como
filogays. Además
suponen que el
personaje de
Marcia Cross (Bree
Van De Kamp)
está inspirado en la
madre real del
productor de la
serie, Marc
Cherry, y su
vida misma está
reflejada en el
personaje de
Pyfrom.
Cherry contó a
la prensa que la
reacción de la madre
de Andrew en
la serie fue la
misma que tuvo su
propia madre cuando
le dijo que era
gay.
De remate, Marcia
Cross, ya sea
porque es verdad o
porque estuvo
estipulado en su
contrato,
protagonizó un
escándalo lésbico
cuando desde el
principio se manejó
el rumor en la
competencia, la
cadena Fox,
de que una de las
actrices de la serie
es
lesbiana
y al parecer todas
las sospechas
apuntaban hacia la
Cross pues
era la única soltera
cuarentona de las
cinco protagonistas
(un cliché, aunque
ahora se supone que
ya se casó en
secreto, otro
cliché). Ella
aumentó la
expectación cuando
declaró a una de las
mejores revistas
gays de EUA, The
Advocate, que es
hetero cien por cien
(un cliché muy
recurrido entre
estrellitas), sin
embargo semanas
después ella, o
quizás toda la
producción con dolo,
jugaron a la
homosexualidad y
arrojaron más leña
al fuego cuando la
Cross agarró
a besos en la boca a
Felicity Huffman,
que da vida a
Linette Scavo,
cuando recibieron el
Premio GLAAD
al ser declarada la
comedia como filogay.
Y como si la cadena
de casualidades no
tuviera llenadera,
la Huffman
recibió un Globo
de Oro como
mejor actriz por su
papel de
transexual
en la película “Transamérica”.
La exitosa serie no
es
gay
ni lésbica pero
causa muchas
sutilezas en el
ambiente
homosexual.
¿Será plan con maña
del productor
abiertamente
gay
Marc Cherry?
En toda entrevista
que le hicieron
recién estrenada la
serie, declaró que
quizás por ser
gay
no pudo evitar que
la comedia tenga
cierto sentimiento
gay,
“quizás porque
entiendo a la
perfección el
complicado mundo
femenino”, dijo al
dejar entrever que
más adelante
provocaría
escándalos.
A lo largo de la
primera temporada la
homosexualidad ha
complementado la
trama uniendo
escenas con cierta
lógica, por ejemplo,
Carlos, el
esposo de
Gabrielle Solís
(Eva Longoria),
purga una condena en
la cárcel acusado
entre otros delitos
por homofobia, y es
que se fue a golpes
contra dos gays al
suponer que seducían
a su esposa. Eso
salvó a la infiel
esposa de ser
asesinada por el
marido al enterarse
de que le puso el
cuerno con el
jardinero John,
quien es el mejor
amigo del personaje
gay
de Ryan Carnes,
quien confirmó su
gaydad ayudado por
Gabrielle al
no excitarse cuando
ésta lo besó, pues
él pretendiendo
encontrar cura a su
homosexualidad quiso
seducirla.
La homosexualidad
del hijo de Bree,
aunada a su rebeldía
producto de su
familia disfuncional
es el principal
tormento de su
madre, es como un
castigo hacia su
fundamentalismo
moral. Ella es
obsesiva compulsiva
y muy aferrada a su
conservadora forma
de pensar. Biblia en
mano aclaró a su
vástago que él no
era
gay,
sino sodomita y que
eso era castigado
con el infierno, esa
escena sirvió como
una crítica mordaz
hacia el
cristianismo
metodista muy al
estilo de la
moraleja de la
película
“Salvados”.
Por si fuera poco,
uno de los actores
que tienen un papel
secundario, el
fontanero Mike
Delfino (James
Denton) que en
realidad es policía,
fue declarado en su
país como el hombre
más sexy y
publicaciones gays
lo consideraron el
hombre buga que más
gays desean.
El
colmo es que
simboliza dos
fetiches eróticos
muy concurridos en
el mundo
gay,
el fontanero
que llega a la casa
a destapar el caño y
acaba haciéndole el
amor al dueño en la
cocina como en los
clásicos filmes xxx
gays, ¿y qué decir
de los uniformados?
Bien se ve que el
productor se la sabe
de todas todas.
Y ya en el colmo,
resulta que al final
de la cuarta
temporada, Susan
presenta a su nuevo
marido, ni más ni
menos que al ícono
gay por excelencia,
Gale Harold,
sí, el mismo
promiscuo clase A de
Queer As Folk,
quien la hará de
hetero, espero que
no sea un shock para
sus fans.
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